


La historia del mercado del Born comienza con el derribo de la fortaleza de la Ciutadella y el retorno a la ciudadanía de los terrenos que el régimen borbónico les arrancó al finalizar la Guerra de Sucesión. En 1869 se plantea la construcción de un parque en los terrenos que ocupaba la fortificación, pero en el proyecto del maestro de obras Josep Fontserè i Mestre se incluye un mercado cubierto para dar servicio al barrio de la Ribera.
En plena eclosión de la arquitectura del hierro, la construcción se inició en 1874 y se terminó en dos años, en 1876. El proyecto combinaba hierro —el elemento principal—, ladrillo y vidrio, y estaba inspirado en el gran mercado central de las Halles de París. En la nave central estaban las paradas de frutas y verduras, mientras que los laterales estaban destinados a venta de carne, volatería, pesca salada y pescado fresco.
Pero el aumento imparable del comercio al por mayor, la congestión en el mercado de la Boqueria, la buena localización logística del mercado del Born y el crecimiento que experimentó la ciudad a lo largo de la primera mitad del siglo XX, propiciaron un cambio de rumbo, pasando en 1921, a concentrar todos los mayoristas de frutas y verduras de la ciudad. De esta forma, el Born pasó de funcionar como mercado de barrio, y mayoritariamente de mujeres, a ser un mercado de ciudad y con una presencia mayoritaria de hombres, tanto entre los trabajadores como entre los compradores.
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En los años sesenta, el equipamiento estaba ultracongestionado y llegó la hora de plantear el traslado de los mercados al por mayor a un solo punto, fuera del centro de la ciudad y con capacidad para unificar todos los servicios en un solo ámbito. La solución fue Mercabarna, el gran mercado de la Zona Franca, un espacio pensado y diseñado para funcionar como mercado central para una conurbación humana de más de dos millones de habitantes.
El cierre del Mercado del Born supuso una larga travesía del desierto, que duró cuatro décadas y que afectó enormemente al barrio de la Ribera, que de un día para otro vivió la drástica desaparición de buena parte del tejido comercial —tiendas, bares o agencias de transporte— relacionadas directamente con la actividad del mercado.
La primera intención del ayuntamiento franquista, encabezado por el alcalde Porcioles, era la de derrumbar el mercado —el mismo destino que las Halles de París—, pero la iniciativa vecinal logró salvarlo, aunque al precio de pasar décadas de indefinición. Entre 1977 y 1979 fue restaurado, y hasta 2002 fue sede de exposiciones, conciertos, ferias y otras actividades culturales y también escenario para actos políticos.
A principios del siglo XXI empezaron los trabajos para instalar la Biblioteca Provincial de Barcelona, pero cuando afloraron los restos de la ciudad destruida para construir la Ciutadella —que ya se esperaba que estuvieran allí, porque la construcción del parking situado justo delante, a principios del noventa, desenterró un yacimiento tanto o más importante—, el lugar se convirtió en el Born Centre de Cultura i Memòria, inaugurado el 2013.


