El pasado rural de la ciudad


La masía original de Torre Llobeta era el centro de una finca agrícola con una gran extensión de campos de cultivo. En el siglo XVIII, ir de Barcelona a Horta o al revés era toda una aventura y era necesario un descanso a medio camino como el que ofrecía este edificio, situado en un nudo de comunicaciones de la época. Por eso abrieron una posada. En 1868 se empezó a urbanizar el paseo de Maragall, que cortó parte de la superficie de la finca, y en 1883 ya pasaba un tranvía que unía la Sagrera y Horta. A principios del siglo XX, el arquitecto Pere Falqués i Urpí (autor de los famosos bancos con farola del paseo de Gràcia) la restauró y le añadió unos ventanales góticos procedentes de otros edificios, que todavía conserva, y también la característica puerta ojival. Durante la Guerra Civil, la masía fue incautada y utilizada como sede de un comité revolucionario, y en 1964, tras la muerte del último propietario, la casa pasó a manos del Ayuntamiento. Un incendio que se produjo ese mismo año hizo pensar en derribarla, pero el valor arquitectónico y las peticiones de los vecinos hicieron que se acabara descartando. Desde 1983 es la sede del Centro Cívico Torre Llobeta. 

“ La Barcelona que conocí de joven era una ciudad entre campos y masías,
donde la vida rural coexistía con la urbana en una armonía
que hoy parece casi imposible
Josep Pla

A pesar de la creciente urbanización, Barcelona conserva todavía un testimonio de su pasado agrícola: las masías. Estas construcciones se extendían por toda la llanura barcelonesa y la sierra de Collserola, configurando un paisaje muy distinto al que hoy conocemos. Muchas datan de los siglos XV al XVIII, aunque algunas tienen orígenes anteriores. Eran autosuficientes y respondían a un modelo de economía de subsistencia, produciendo cereales, vid, aceite, y otros productos básicos. 

Con el crecimiento de la ciudad en el siglo XIX, la llegada de la Revolución Industrial y la incorporación al municipio de antiguos pueblos como Gràcia, Horta, Sarrià, Sant Martí de Provençals o Sant Andreu de Palomar, muchas de estas masías perdieron su función original. La integración de las masías en el espacio urbano supuso, en muchos casos, su desaparición. Sin embargo, algunas aún se mantienen de pie como un símbolo del pasado rural de la ciudad. 


Can Baró es un barrio del distrito de Horta-Guinardó de Barcelona, pero históricamente ha estado vinculado al pasado rural y agrícola de los barrios de montaña de la ciudad. El nombre procede de una antigua masía llamada Mas Baró, que fue un referente de la zona durante siglos. Durante el siglo XIX, con la industrialización y la expansión urbana, la zona empezó a urbanizarse lentamente. Las tierras que rodeaban Can Baró se dividieron para dar paso a viviendas, aunque todavía mantenían un fuerte carácter rural. A principios del siglo XX, el barrio empezó a albergar una población obrera humilde, atraída por la proximidad a las fábricas de la ciudad y la tranquilidad de la zona. Can Baró destaca por su ubicación privilegiada, al pie del Turó de la Rovira, que durante la Guerra Civil albergó una batería antiaérea. Actualmente, la colina es un mirador emblemático, con impresionantes vistas de Barcelona, mientras que Can Baró conserva un espíritu de barrio con fuertes vínculos comunitarios, testimonio de su historia como zona de transición entre el campo y la ciudad. 


La masía de Can Cortada es una de las construcciones históricas más emblemáticas de Barcelona, ubicada en la zona de Horta-Guinardó, con raíces que se remontan al siglo XI. Inicialmente, fue construida como una torre de defensa para proteger las tierras circundantes y las vías de acceso al Pla de Barcelona. Con el paso de los siglos, la torre se transformó en una masía destinada a la explotación agrícola y ganadera. Las tierras de Can Cortada se dedicaban principalmente al cultivo de cereales, viñedos y olivos, así como al mantenimiento de ganado. Durante el siglo XIX, con la llegada de la industrialización y la expansión urbana, muchas masías desaparecieron, pero Can Cortada resistió. En el siglo XX fue restaurada y convertida en un restaurante, manteniendo su esencia histórica y arquitectónica.


Can Travi es una masía ubicada en Horta, que data del siglo XVII. Originalmente una casa de campo rodeada de viñedos y campos de cultivo, refleja el estilo arquitectónico tradicional de la región. Con el paso del tiempo, la masía fue reconvertida en un restaurante conocido como Can Travi Nou. Actualmente, es un espacio gastronómico emblemático de la ciudad, que combina la cocina catalana con el auténtico ambiente de la masía. Sus salones rústicos y jardines le han convertido en un lugar muy popular para celebraciones, manteniendo su esencia histórica. 


Can Fargas es una masía situada en el barrio de Horta, construida en el siglo XIV y reformada posteriormente durante el Renacimiento. Esta edificación combina elementos medievales y renacentistas, como ventanas góticas y detalles decorativos. Durante su historia ha pasado por diversas manos y usos. A partir de mediados del siglo XX, el edificio fue restaurado y protegido como patrimonio arquitectónico. Actualmente, Can Fargas alberga la Escuela Municipal de Música de Horta-Guinardó, un espacio cultural dedicado a la formación musical, manteniendo vivo el espíritu comunitario y cultural en el corazón del barrio. 


El edificio conocido como La Masía del FC Barcelona es una construcción tradicional catalana con más de 300 años de historia. Situada inicialmente en una zona agrícola alrededor de Barcelona, fue construida en 1702 como una masía típica, con muros de piedra, tejados a dos aguas y un estilo rústico que reflejaba su función original como casa de campo. Con el crecimiento de la ciudad y la construcción del Camp Nou en 1957, el edificio quedó integrado en el recinto deportivo. En 1966, el club la adquirió para utilizarla como oficina y almacén. Posteriormente, en 1979, fue habilitada como residencia para los jóvenes futbolistas de la cantera, convirtiéndose en el símbolo de formación deportiva y personal del club. El edificio funcionó como residencia hasta 2011. Sin embargo, el edificio histórico se conserva junto al Camp Nou y se ha convertido en un símbolo del Barça, manteniendo su importancia como parte esencial del legado y la identidad del club. 


Can Cadena es una masía histórica situada en el barrio de Sant Martí de Provençals, documentada desde el siglo XVIII. Esta masía fue durante siglos un espacio de producción agrícola y ganadera, característica común de la zona en ese período, cuando el paisaje estaba dominado por campos y canales de riego. A lo largo de los años, la urbanización de Barcelona rodeó Can Cadena, pero la masía conservó su encanto tradicional. Actualmente, forma parte del Parque de Sant Martí y funciona como equipamiento municipal. Se organizan actividades pedagógicas relacionadas con la naturaleza y la agricultura para niños y familias, manteniendo vivo el espíritu rural en pleno entorno urbano.


Vila Joana, ubicada en el Parque de Collserola, en Vallvidrera, es una masía con mucha carga histórica. Documentada desde el siglo XVI, se conoce principalmente por ser el lugar donde el poeta Jacint Verdaguer pasó sus últimos días, en 1902. Posteriormente, fue restaurada y se convirtió en un museo dedicado a la figura de Verdaguer y a la literatura catalana. Hoy en día, forma parte del Museo de Historia de Barcelona (MUHBA) y combina su función museística con actividades culturales y educativas, manteniendo el entorno natural y el espíritu histórico que caracteriza a esta masía singular.

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