
Restos de chabolismo en los suburbios de Barcelona
Allí donde hoy existen calles urbanizadas y miradores infinitos sobre la ciudad, tropezarse con unas paredes bajas, un fragmento de pavimento o los restos de una antigua construcción puede parecer poco. Pero es suficiente para imaginar una puerta, una familia, una cocina improvisada o los niños jugando en una calle de tierra. Las piedras que han quedado no cuentan toda la historia, pero conservan una memoria que durante mucho tiempo quedó escondida. Detrás de estos restos existía otra Barcelona: la de quienes llegaron buscando trabajo y una vida mejor, y tuvieron que construir su casa con maderas y planchas metálicas, y con sus propias manos.
" En los años 50 había cerca de 20.000 barracas en Barcelona,
donde vivía un 7% de la población de la ciudad
— Ayuntamiento de Barcelona
El chabolismo fue una consecuencia del crecimiento acelerado de Barcelona y de la falta de vivienda asequible. El fenómeno ya era importante a principios del siglo XX: en 1914 había unas 1.200 chabolas; en 1922 ya eran 3.860, y en 1929, cerca de 6.000. La ciudad industrial atraía a miles de trabajadores, pero la construcción de vivienda popular no seguía el mismo ritmo. Para muchos recién llegados, vivir en una chabola era la única alternativa.

Barraquismo en La Perona | Esteve Lucerón
Tras la Guerra Civil, la situación se agravó. La llegada de población procedente de otras zonas de España, la pobreza de la posguerra y la carencia de viviendas hicieron crecer los asentamientos. Entre 1950 y 1975, Barcelona ganó cerca de un millón de habitantes. Las barracas se extendieron por Montjuïc, el litoral, el Carmel, la Diagonal y otras zonas periféricas. A finales de los años cincuenta alcanzaron su máximo: unas 20.000 barracas acogían a entre 70.000 y 100.000 personas, cerca del 7% de la población de la ciudad. Eran barrios sin agua corriente, alcantarillado, electricidad estable ni servicios públicos. Pese a las carencias, sus habitantes construyeron una intensa vida comunitaria y, con el tiempo, protagonizaron las primeras reivindicaciones vecinales.
La erradicación del chabolismo fue lenta y fue ligada, a menudo, a grandes operaciones urbanísticas ya la construcción de polígonos de vivienda. Los últimos núcleos no desaparecieron hasta finales de los años ochenta, poco antes de los Juegos Olímpicos de 1992. Hoy, los vestigios de aquellos asentamientos recuerdan una historia marcada por la pobreza y la precariedad, pero también por la solidaridad, la capacidad de organización y el esfuerzo de miles de personas que contribuyeron a construir la Barcelona contemporánea.

Las barracas de Montjuïc
La montaña de Montjuïc acogió al conjunto chabolista más extenso de Barcelona. A partir de los años cuarenta se formaron varios núcleos, como Can Valero, Tres Pins, las Baterías, Maricel o la Viña, que llegaron a reunir a más de 30.000 habitantes en su momento de máxima expansión. Las barracas se extendían por las laderas de la montaña y ofrecían unas condiciones de vida muy precarias: calles sin pavimentar, ausencia de alcantarillado, fuentes comunitarias y conexiones ilegales de electricidad. Pese a estas dificultades, los vecinos crearon escuelas improvisadas, asociaciones y redes de solidaridad. A partir de los años sesenta, el Ayuntamiento inició programas de realojamiento en nuevos polígonos como Sant Cosme, Mina, Canyelles o Ciutat Meridiana. Las últimas chabolas de Montjuïc no desaparecieron hasta 1990, convirtiendo este espacio en el último gran núcleo chabolista de Barcelona.

Las barracas del Somorrostro
El Somorrostro, situado en la fachada marítima entre la Barceloneta y el Poblenou, es probablemente el barrio de chabolas más conocido de Barcelona. Existía desde finales del siglo XIX pero creció extraordinariamente durante la posguerra. Hacia los años cincuenta reunía cerca de 2.400 chabolas y una población de entre 15.000 y 20.000 personas. La proximidad con la playa hacía especialmente difíciles las condiciones de vida: temporales, inundaciones, carencia de agua potable y ausencia de servicios básicos. Sin embargo, el Somorrostro desarrolló una identidad propia y es conocido por haber sido el lugar de nacimiento de la bailaora Carmen Amaya. El barrio fue desalojado definitivamente en 1966, coincidiendo con la visita de Franco a Barcelona y la celebración de un desfile naval, en una operación destinada también a ocultar la realidad del chabolismo.

Las barracas del Carmel
Las laderas del Turó de la Rovira y del Carmel se llenaron de barracas durante los años cuarenta y cincuenta. Familias llegadas principalmente de Andalucía, Extremadura y Murcia construyeron viviendas aprovechando antiguos espacios militares y terrenos sin urbanizar. A finales de los años cincuenta, el Carmel reunía varios miles de barracas repartidas por las laderas de la montaña. El acceso era difícil, las calles eran de tierra y serveis públicos casi inexistentes. Con el tiempo, los propios vecinos impulsaron escuelas, transporte público y reivindicaciones urbanísticas que darían origen a uno de los movimientos vecinales más activos de Barcelona. Hoy, el MUHBA Turó de la Rovira conserva restos de esas viviendas y cuenta la historia del chabolismo y de la transformación urbana de la ciudad.

El chabolismo en el Besòs
El área del Besòs, especialmente en los límites entre Barcelona, Sant Adrià de Besòs y Badalona, fue otro de los grandes focos del chabolismo. Los asentamientos se instalaron junto al río, las vías del tren y los espacios industriales, en terrenos a menudo inundables e insalubres. Vivían miles de familias trabajadoras que habían llegado a Cataluña buscando trabajo en las fábricas del área metropolitana. La falta de viviendas obligó a muchas personas a construirse la casa con materiales recuperados. Las riadas, especialmente las de 1962, pusieron de manifiesto la vulnerabilidad de estos barrios. A partir de los años sesenta y setenta, muchos de sus habitantes fueron realojados en nuevos polígonos como la Mina, inaugurada en 1970, o en otras promociones de vivienda social. El chabolismo del Besòs ejemplifica las profundas desigualdades sociales de la Barcelona franquista y el esfuerzo colectivo de miles de familias por construir una vida mejor en condiciones extremadamente difíciles.

